Un viernes más, fiel a mi cita con todos vosotros y realmente feliz de poder escribiros un nuevo artículo/capítulo de este mi blog personal, denominado o apodado por una grande, la comunidad o sociedad de: @elblogdejorgeesquirol.

Como cada viernes, espero que esta semana haya sido maravillosa para cada uno de vosotros, mis lectores, que estéis bien y en paz y que vuestros sueños, por los que lucháis día tras día, sean una realidad o estén en camino de serlo.

Hoy sin más preámbulos, y advirtiéndoos como habréis visto en redes que este nuevo artículo/capítulo no lo considero apto para cualquier persona, que sea débil de mente o de estabilidad emocional, os quiero escribir, a la vez que reflexiono hacia mi interior, este nuevo capítulo titulado:

«Quisiera»:

En los ratos de soledad, de reflexión, de análisis profundo de la sociedad actual, del momento presente que vivimos en el mundo y sobre todo en mi patria, España, quisiera:

Que la verdad, ganara la batalla a la mentira. En el pasado yo mismo mentí, por unas razones u otras, pero hace demasiados años que decidí tomar el rumbo de la verdad, y eso muchos de los que me conocéis, me ha traído demasiados problemas, porque decir la verdad a los que no la quieren escuchar, duele, aunque tu propósito sea bueno y honesto, pero en realidad llegué a la conclusión de que «la verdad duele más que la mentira».

Quisiera, que, aunque suene utópico, la educación y los valores, volvieran a predominar en una sociedad donde, de seguir por este camino, tales palabras desaparecerán y hasta serán «hipotéticamente retiradas» de la Real Academia de Lengua Española, RAE. Me viene a la cabeza, que, desde muy niño, en los autobuses, en el metro, cuando veía a una persona mayor le cedía mi sitio, en los ascensores, siempre cedía el paso a las personas de mayor edad, recuerdo cuando ayudaba a cruzar un paso de cebra a un invidente, cuando nuestras trastadas de infancia era tirar petardos en navidad y nuestra verdadera felicidad radicaba en jugar a las chapas, a las canicas, y en un simple balón de fútbol y ¿sabéis lo que más recuerdo?, las charlas con mis padres, las lecciones de vida que me daban, la educación y los valores que sin ningún tipo de imposición se transmitían en una palabra llamada «hogar», que os aseguro que su significado no es igual que el de «casa».

Quisiera, que el mundo en general, que tú que me lees, tomaras unos minutos de silencio, parando o ralentizando las revoluciones de tu mente, impuestas por un mundo que gira e impone su ritmo a una velocidad desmedida, que fueras capaz, de reflexionar, como hago yo, en silencio, la realidad actual del comportamiento humano y cómo poder aportar en la medida de tus posibilidades un «poquito» de tu parte, para que todo fuera quizá un «poquito» mejor.

En mi bloque, donde me crie, mis vecinos eran militares, guardias civiles, pilotos de Iberia (que en aquel entonces eran comandantes del ejército del aire) y sus hijos mis amigos, quisiera que volvieran nuestras partidas de ajedrez, nuestras canciones con una simple guitarra, o aquellos aplausos que cuando practicaba en aquella habitación pequeña donde tenía mi piano, con las ventanas medio abiertas por el calor del verano y la falta de aire acondicionado, inconscientemente me estaban escuchando mis vecinos de patio.

Quisiera que la cultura, volviera a ser «cultura», no propaganda mediocre «politizada» y mal gestionada, con gente que no solo presume de lo que no es, sino que está denigrando el gran legado cultural que muchos luchamos para mantenerlo latente.

Recuerdo que, siendo muy niño, en el parque de abajo de mi casa, veíamos a un policía o a un guardia civil, y nos quedábamos parados (como si hubiésemos hecho algo malo, cuando todo lo contrario); esa reacción era producto del respeto. En la actualidad, no solo no se les respeta, se les insulta, provoca, denigra por parte de unos gobernantes a los que cada día intento olvidar más, pero por ellos mi lucha continuará, por sus derechos y porque sin ellos, nuestras vidas estarían expuestas a cualquier tipo de atrocidad, porque ellos juraron servir a la ciudadanía, porque ellos son seres humanos como nosotros, tienen familia, hijos, y cuando se despiden de ellos para salir a cumplir su turno y a protegernos, en ese hasta luego puede haber un adiós «silencioso» de despedida de por vida, una ausencia irreparable, que posteriormente el «tonto» de turno pretende reparar una vida humana con una «medallita» para quedar bien en la foto, pero desatendiendo diariamente y constantemente sus peticiones coherentes de más medios, de profesión de riesgo y de una equiparación justa.

Tengo amigos que cada día se juegan su vida por nosotros, y rezo por ellos, pero quisiera poder discernir cuál sería mi comportamiento si en algún momento les llegara a pasar algo, por la mediocridad de seres que me dan «asco».

Quisiera que las Cortes Generales, el Senado, las instituciones oficiales, dejaran de ser un circo romano, o un circo barato, donde el insulto predomina en contra del avance de nuestro país.

Quisiera que los que se consideran «poderosos» e «intocables», retrocedieran o rebobinaran sus mentes y recordaran de dónde proceden o en qué ha cambiado en ellos, para anteponer, con ilegalidad premeditada, sus intereses personales a los de una nación. Desde muy joven siempre dije que la política, «debe ser rivalidad, no y nunca enemistad», pero es que, en la actualidad, han desaparecido ambas palabras y ni rivalidad, ni enemistad, se ha extrapolado todo al descrédito personal, al insulto, al odio, a la venganza y la vergüenza nacional e internacional.

Quisiera, que, a nuestra juventud, que son nuestro futuro y son un ejemplo para todos, no se les adoctrine textualmente a través de libros escolares o universitarios manipulados, porque el derecho de libertad de elección e información veraz es un derecho básico no solo de la democracia, sino un principio básico de los derechos humanos.

Quisiera y quisiera, tantas y tantas cosas, pero para los más pusilánimes, no quisiera la perfección, siempre hubo, hay y habrá dificultades, pero como «sociedad» —y repito la palabra «sociedad»—, debemos aportar lo mejor de nosotros mismos para virar el rumbo de este despropósito, que mucha parte viene por la dejadez o el pasotismo de muchos y del miedo de otros tantos.

Quisiera que la justicia actual, fuera justicia real, y se reflejara en esa balanza equilibrada que representa, pero, ¿cómo va a existir una justicia equilibrada con un fiscal general del Estado imputado?

No quiero seguir hablando de política, porque para mí la política actual, cada día me asquea más. La política debe ser honradez y el mirar por la estabilidad y el bienestar del pueblo, de un país o una nación. ¿Ahora? ¿Qué os voy a contar…?

Sé que lo que yo quisiera es lo que muchos de vosotros quisierais: que los valores superen a la falta de educación, que el propósito de avance supere a la dejadez, a la desidia, que la cordialidad vuelva a ser predominante, que el odio desaparezca de nuestro vocabulario y de nuestra actitud, que la esperanza gane de una vez por todas la batalla a la desesperanza, que las guerras tan solo fueran ficción de producciones cinematográficas y televisivas, que la amistad borre las amistades interesadas y ese interés se convierta en acción por conocer gente buena, que el bien supere al mal, que la valentía supere a la cobardía y que el respeto hacia los demás sea más que una opción, una ley grabada a fuego en cada uno de nosotros.

Os estaréis preguntando que difícil es esto, ¿cierto? Pues no, queridos lectores, yo lo viví en mi niñez, infancia y juventud, y no es tan difícil. Quizá la clave sea esa duda y resida en cambiar el condicional por el presente, en virar la palabra «Quisiera» por «Querer», porque en el condicional está la irrealidad de las ilusiones y los sueños y en el presente el propósito y la acción.

Luchemos, intentemos «Querer» un mundo más coherente, más justo y mejor.

No te quedes con lo que quisieras, empieza hoy tu camino con paso firme hacia tu propio «querer».

Jorge Esquirol.
@elblogdejorgeesquirol.

Posdata:

Quiero empezar esta posdata para felicitar en su 51 cumpleaños a Alicia, que cumple mismos años mañana sábado. Brindo en la cercanía por ti, por tu marido y tu hijo y por todos los compañeros a los que tanto admiro y estoy ligado.

Quiero de nuevo dar las gracias públicamente a la Embajada de México, por su educación, trato y deferencia hacia mí, digna de una Nación culta, en progreso permanente y de gente maravillosa.

Gracias, Óscar Fábrega, por tu gran trabajo y por ser tan especial. Estamos ultimando el diseño de la portada, contraportada y solapas, con la galerada de mi segundo libro editorial: «La Pirámide del Alma» ya en «OK», y a impresión.

Xavi, como siempre gracias por estar siempre al pie del cañón, creo que sobran las palabras.

A todos los valencianos, donde como cada año y desde niño, veía con mi padre la Cremà y la nit del foc, que esas llamas que tanto emocionan, sean un halo de esperanza para todos mis amigos valencianos: Bea, Marisa, David, seguimos estando junto a vosotros y ni olvidamos ni olvidaremos.

Y a ti, «compa», de trabajo, de vida, de amistad verdadera, de proyectos y viajes, te hice despertar y al día siguiente me devolviste la jugada, creándome ilusiones perdidas, renovadas y encontrando un lugar maravilloso. Bravo por tu éxito, bravo por tu reconocimiento, respeto, trato a tu trayectoria y a tu sabiduría cultural y teatral, en un país foráneo que no es el nuestro. Mi aplauso va unido a los cientos de espectadores que te aplaudieron puestos en pie, con el teatro abarrotado, cuando los propios actores te invitaron a subir al escenario como responsable del éxito, porque tu éxito siempre ha radicado en ti, no en los premios de una España politizada en cultura y en despropósito cultural e incultura generalizada.

Gracias Ricard, por emocionarme, por hacerme ver y entender que en grandes países aprecian el verdadero teatro, la verdadera cultura teatral y mil gracias por hacerme reafirmar que España es un país donde demasiada gente de nuestro mundo, del maravilloso mundo cultural, está pasando hambre y no trabaja en la profesión para la que se ha preparado. Y gente con una valía enorme, quizá por no cantar «La Internacional» o por venderse «mercenariariamente» a impostores enmascarados de profesionales del teatro, cuando no son más que poderosos millonarios con la incultura por bandera y con el despropósito como intención.

Que os vaya a ver «Rita», o el gitano (que tengo grandes amigos calés y con más arte que vosotros), con la cabra. Yo, ni invitado.

Que paséis un gran viernes, un fin de semana maravilloso e inolvidable, mil gracias por ser cada vez más los que formáis parte no solo de esta web, o de este mi blog personal, sino de mi vida. Sois mi gente buena, mi luz y mi inspiración.

Sed muy felices, por favor.

Os abrazo,
Jorge Esquirol.